//

lunes, 15 de junio de 2026

Maceo en la hora actual de Cuba: espíritu de lucha y resistencia heroica

Honremos al Titán de Bronce, que es honrar a Cuba, a su historia y a su heroico pueblo...

Yusuam Palacios en Exclusivo 15/06/2026
0 comentarios
 Antonio Maceo
Monumento de Antonio Maceo Grajales en la Plaza de la Revolución de Santiago de Cuba. Foto: Razones de Cuba

No conozco yo, General Maceo, soldado más bravo ni cubano más tenaz que V. -Ni comprendería yo que se tratase de hacer, - como ahora trato y tratan tantos otros-, obra alguna seria en las cosas de Cuba, en que no figurase V. de la especial y prominente manera a que le dan derecho sus merecimientos”.                                                                                                            

                                                                                                                                                                                   José Martí

 

El alma de la patria tiene tejidos místicos y late con fuerza de madre en el parto heroico de sus hijos sublimes. En 1845, excatamente el 14 de junio de ese año, nació para Cuba, para la redención libertaria, para el sentimiento más profundo de los cubanos, un hombre de una intensidad capaz de mover montañas y derribar gigantes amenazadores; capaz de mostrar la más llameante de las estocadas y la más tierna de las expresiones. A Cuba le nació el hijo de Mariana, el guerrero tenaz, el mulato de Oriente, el radicalizador de la gesta por la independencia de la patria aquel día en que no aceptamos una paz sin libertad. Es Antonio Maceo, uno de los hombres más extraordinarios de nuestra historia, un luchador incansable que tenía muy claras ideas y las defendía admirablemente.

 

Conmemoramos otro aniversario de su natalicio, y lo queremos vigente hoy, en la hora actual de Cuba. Su vigencia no está en el mero recuerdo de su figura épica, de sus batallas gloriosas, de los días en que las efemérides lo reflejan. Su vigencia ha de estar en el pensar nuestra condición de cubanos, los desafíos de la nación, la transformación que significa continuar y mantener viva la Revolución y el ideal socialista que asumimos y es indispensable defender en todo momento. Su vigencia está en el actuar ético de cada cubano, en su dignidad, en su sensibilidad y espiritualidad. Es impresionante como un hombre, aparentemente rudo, de expresión seria y, para algunos, únicamente dispuesto a empuñar el arma redentora, era un ser humano que amaba, sentía el dolor de los otros como propio y no solamente se erguía como guerrero en la contienda sino como compañero en la construcción de la nación libre y soberana.

 

A Maceo hay que leerlo, hay que estudiarlo, hay que aplicarlo en nuestras vidas cotidianas, en la construcción de la Cuba que queremos y necesitamos, esa que se levanta firme aun en las peores circunstancias, cuyo tejido espiritual hay que salvar por el bien de todos los cubanos, por la patria misma, por la garantía de un futuro mejor, porque no podemos perder la esencia que se define en expresiones que son más que palabras al vuelo; son estandartes, osamenta de lo que significa ser cubano y vivir en Cuba, brújula de nuestra Revolución Socialista. No olvidemos que, (he ahí la intensidad de la filosofía cubana), “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar” y que esta Revolución es de los humildes, por los humildes y para los humildes. Ese es el espíritu de la tradición de lucha del pueblo cubano, de la resistencia nuestra; y ello está en Maceo, en su carácter, en su forma de ser, en sus doctrinas, en su modo de actuación, en su altura revolucionaria. Como señalara Martí, el Titán de Bronce tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo. En esas palabras está la personalidad de Antonio Maceo, su esencia, su legado, su actualidad.

 

En Maceo hay cubanía y ello es expresión de sus cualidades como hombre, como ser humano paradigmático, como referente del camino a seguir entre tantos caminos que se nos presentan en la vida, como la figura de los sueños en que se libran batallas y a caballo nos enfrentamos a los seres dañinos que nos atacan y nos quieren destruir. En Maceo está la cultura cubana y muchos hijos de la patria queremos ser como él. Su ética, su ideal de independencia, su dignidad, su postura firme ante peligros como el que representaban los Estados Unidos. Es vital, para entender nuestro antimperialismo, ir donde Antonio Maceo; porque nuestra cultura patriótica y antimperialista tiene raíces muy profundas; allí, en la historia, la tradición de lucha, la identidad cubana. Retomo un fragmento de un texto escrito hace un tiempo sobre la herencia antimperialista y la juventud cubana y en el que cito a la destacad intelectual cubana Ana Cairo Ballester:

 

Hay una conciencia de linaje, que no es la aristocracia, sino la tradición. Es el sentido de pertenencia a una familia, lo que nos marca. El antiimperialismo es una marca. En el mundo de los intelectuales cubanos hay una conciencia de linaje (…) José Lezama Lima dijo que él hubiera querido conocer a Antonio Maceo, porque era el hombre que más le fascinaba, pero conoció a Julio Antonio Mella. Lo vio enredado con los policías cuando se estaba haciendo el Parque Zayas, y que para él conocer a Mella era como si hubiera conocido a Maceo. Esa es la razón por la cual, cuando escribe su novela Paradiso (…) él pone a un personaje que se llama Apolo o El Estudiante. Es Mella bajando la Escalinata al frente de los estudiantes. Es invención, es literatura, porque ni Mella vio la Escalinata ni la conoció, pero para José Lezama Lima, Maceo y Mella se unen. Y como Lezama estuvo en la manifestación del 30 de septiembre, todos los estudiantes del 30 de septiembre son los herederos de Maceo y de Mella. Eso es conciencia de linaje”.

 

Nos llega el antimperialismo como fruto de un mismo árbol, cuya siembra se forjó en la lucha del pueblo cubano por su dignidad, en la formación de la nacionalidad cubana y el desarrollo posterior de una identidad movida por resortes éticos. Todo comenzó por una cuestión moral. La tradición antimperialista cubana no sería tal sin la presencia, en los revolucionarios y el pueblo, del culto a la dignidad plena del ser humano, la eticidad, la vocación de servicio y la justicia como sol del mundo moral de la nación.

 

La figura de Antonio Maceo alcanza una relevancia especial por su condición patria, revolucionaria y por ese sentimiento de rechazo también a las pretensiones expansionistas y dominadoras del imperialismo. Recordemos a Maceo cuando expresó: Quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo abnegado en sangre si no perece en la lucha. Este carácter patriótico de Maceo lo vemos reflejado en palabras del Che, que nos trae a la memoria el Dr. Fernando Martínez Heredia:

 

En su discurso en homenaje a Antonio Maceo, el 7 de diciembre de 1962, el Che hizo un análisis muy profundo de lo que significaba Maceo al pie de la Crisis de Octubre, que es necesario que leamos todos ahora, por el valor extraordinario que tiene y lo mucho que nos puede ayudar. Rescato una frase del Che: “hemos llegado a un momento en que el machete de Maceo vuelve a estar presente y vuelve a adquirir su antigua dimensión”. A través de las imágenes, el Che devela la comunión, rinde homenaje al heroísmo en masa –“nuestro pueblo todo fue un Maceo” --, devuelve la frase definitiva y admonitoria de Maceo para quien intente apoderarse de Cuba, y reúne el orgullo, la fe en el porvenir de este pueblo y en la liberación de los pueblos”. Esto demuestra también por qué el antimperialismo en Cuba es una tradición, un valor intrínseco a la condición patriótica de nuestro pueblo.

 

Y Antonio Maceo es un referente esencial. Su postura en Baraguá lo manifiesta. Postura digna de un cubano dispuesto a dar su vida por la salvación de su patria. Y es que Antonio Maceo, mulato del Oriente cubano, hijo de una mujer que por su actuación heroica sirvió de abrigo y sostén en plena manigua para convertirse, con sus hijos en lucha, la madre de todos los cubanos, la Madre de la Patria. Era Antonio hijo de Mariana, llevaba su espíritu redentor en la ética que lo definió, en la cultura del que fue parte esencial (la cultura Maceo-Grajales), en la vocación de justicia que lo acompañó siempre y en la lucidez que lo guiaba como guerrero y como hombre de ideas, quien supo descifrar las pretensiones, no solo del pacificador representante de la corona española en 1878, sino de los que querían que Cuba se anexara a los Estados Unidos. Maceo era un hombre muy inteligente, y lo demostró todo el tiempo, aún en medio de contradicciones.

 

Del Titán de Bronce en su histórica Protesta de Baraguá hablaría Fidel cuando conmemorábamos cien años del inicio de las luchas por la independencia de la patria: "(…) emerge, con toda su fuerza y toda su extraordinaria talla, el personaje más representativo del pueblo, el personaje más representativo de Cuba en aquella guerra, venido de las filas más humildes del pueblo, que fue Antonio Maceo (…); en el momento en que aquella lucha de diez años iba a terminar, surge aquella figura, surge el espíritu y la conciencia revolucionaria radicalizada, simbolizada en ese instante en la persona de Antonio Maceo (…)".

 

Actualmente, en un momento definitorio para nosotros los cubanos, para la patria amenazada por el imperialismo estadounidense, víctima de una genocida guerra económica; pero en pie de lucha, con la estrella que ilumina y mata en el sombrero mambí, en la boina rebelde y en la convicción de ¡Patria o Muerte!; honremos a Maceo que es honrar a Cuba, a su historia y a su heroico pueblo.

 


Compartir

Yusuam Palacios


Deja tu comentario

Condición de protección de datos