Hace pocas horas, impulsado por ese apasionante oficio llamado periodismo deportivo, choqué contra un muro: a menos de un año asoman los Juegos Panamericanos de Lima 2027, previstos del 23 de julio al 8 de agosto.
No serán el tema de esta crónica, aunque resulta imposible esquivar una certeza: se anuncian muy difíciles para Cuba. El choque me disparó recuerdos. Y con ellos voy.
La propuesta me entusiasma y quiero creer, aplicando una vieja regla también del periodismo, que si despierta mi interés también puede atrapar a los lectores de Cubahora. ¿Nos montamos en una máquina del tiempo?
Destino: La Habana, agosto de 1991.
Han transcurrido 35 años. Sobran razones para regresar: liberar un poco la nostalgia; reconocer el enorme esfuerzo realizado por Cuba para cumplir el compromiso de organizar aquellos Juegos en medio de un escenario económico cada vez más complejo; homenajear a miles de protagonistas, muchos de ellos anónimos; acercar aquella historia a quienes no habían nacido y refrescar la memoria de quienes la vivimos.
Existe otra razón, escrita con letras doradas: la hazaña de nuestros deportistas. Cuba conquistó 140 títulos. Desde Buenos Aires 1951, Estados Unidos no había cedido la cima del medallero por países. Entonces Argentina, dueña de casa, acumuló más oros que los norteamericanos. Cuarenta años después volvió a suceder. Esta vez, en La Habana.
Una cosecha para la historia
Conviene ubicar aquella proeza en su contexto. Estados Unidos acudió sin algunas de sus principales figuras en deportes de enorme peso, entre ellos atletismo y natación. Reconocerlo no disminuye la actuación cubana.
Cuba atravesaba, además, uno de los mejores momentos de su historia deportiva. Apenas un año después lo demostraría en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992: quinto lugar por países y 14 medallas de oro.
La Habana 1991, con Santiago de Cuba en calidad de subsede, dejó números impresionantes: 265 preseas, distribuidas en 140 de oro, 62 de plata y 63 de bronce. Estados Unidos sumó 130 títulos, mientras Canadá quedó tercero con 22.
Del 2 al 18 de agosto, atletas de 39 países convirtieron los escenarios competitivos en una fiesta continental.
No fue solo deporte. Cada medalla exigió años de preparación; los Juegos, el trabajo de miles de personas. La ciudad recibió nuevas instalaciones; otras cambiaron de rostro. El pueblo se incorporó a una obra colectiva cuyo resultado podía verse en graderíos, calles, villas y escenarios de competencia.
Entre las nuevas construcciones sobresalió el Estadio Panamericano, levantado en La Habana del Este e integrado a un complejo donde también se encontraban escenarios para natación, ciclismo y tenis.
Nombres que todavía brillan
Las competencias dejaron imágenes difíciles de borrar. Ana Fidelia Quirot volvió a dominar los 400 y 800 metros planos, doblete alcanzado también cuatro años antes en Indianápolis 1987. Liliana Allen impuso su velocidad en 100 y 200 metros. Entre los hombres, esas distancias tuvieron como rey al brasileño Robson Caetano da Silva. El boxeo cubano convirtió el cuadrilátero en territorio casi exclusivo: 11 coronas en 12 divisiones. Las pesas protagonizaron otra cosecha extraordinaria: 29 títulos de los 30 posibles, acompañados por una lluvia de récords panamericanos.
Resultaría imposible encerrar en una crónica cada nombre, cada victoria, cada historia. Una de ellas, entre tantas, merece escapar del olvido. En el Complejo de Piscinas Baraguá, Mario “Mayito” González ganó los 200 metros estilo pecho y consiguió el primer título panamericano de la natación cubana.
El tiempo no borra todo
Han pasado generaciones de atletas. Cambiaron las circunstancias económicas, el deporte internacional y los sistemas de preparación. Cuba ocupa también otro lugar en el concierto continental.
Hoy aquella fortaleza no es la misma. Quizás por eso vale más mirar atrás. No para refugiarnos en la nostalgia ni pretender que 1991 pueda repetirse por decreto. Tampoco para convertir las 140 medallas de oro en una vara injusta con la cual medir a quienes competirán bajo realidades muy diferentes.
Vale regresar porque hubo una vez un agosto en que La Habana se convirtió en capital deportiva de América; miles de cubanos hicieron posible unos Juegos y sus atletas alcanzaron una cima que parecía reservada para otros.
Dentro de menos de un año llegará Lima 2027. Será otra historia. La Habana 1991 ya tiene la suya. Y 35 años después, todavía merece ser contada.

Términos y condiciones
Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.