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jueves, 14 de mayo de 2026

Literatura de pantallas (+Infografía)

En Cuba, la literatura digital nació más bien como una especie de inventiva colectiva, una manera de buscar caminos alternativos cuando los caminos normales no alcanzaban...

Adrian Ordoñez Díaz en Exclusivo 14/05/2026
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El libro electrónico resulta también una alternativa ante las dificultades para poder leerlo en formato impreso. Foto: Tomada de computerhoy.com

La literatura cubana poco a poco ha dejado de vivir en estantes, en librerías, bibliotecas o incluso Ferias del Libro donde los ejemplares pasan de mano en mano casi como tesoros. Gradualmente —y de forma muy disimulada— empezó a mudarse hacia otros espacios: las pantallas de los teléfonos, las memorias USB, los grupos de Telegram, el controversial Paquete. Y hoy, ocurre en medio de apagones, mala conexión y datos móviles que muchas veces costaban demasiado para el bolsillo de cualquiera. Pero justamente de estas limitaciones salió algo inesperado: una nueva manera de leer, escribir y compartir historias en nuestro Archipiélago.

Porque esto va más allá de simplemente “modernizarse”. No fue cambiar el papel por la pantalla y ya. En Cuba, la literatura digital nació más bien como una especie de inventiva colectiva, una manera de buscar caminos alternativos cuando los caminos normales no alcanzaban. Mientras en otros lugares la lectura digital llegó de la mano de grandes plataformas y mercados editoriales fuertes, aquí el proceso fue un poco más lento.

Y el caso de Wattpad, bueno… ahí cambió bastante el panorama. De pronto aparecieron muchachos escribiendo historias desde un móvil, publicando capítulos en la madrugada, esperando comentarios de gente que ni conocían. Algunos encontraron ahí algo que no siempre hallaban en los espacios editoriales tradicionales: lectores reales, comunidad, retroalimentación inmediata, leer y ser leído.

De pronto, aparecen autores escribiendo novelas desde un celular antiguo, publicando capítulos de madrugada, esperando comentarios de lectores que quizás vivían al otro lado del globo. Algunos escriben romance, otro terror, drama escolar y fanfics (mucho fanfics). Historias sencillas a veces, sí, pero llenas de algo que durante años faltaba: un espacio donde ser leídos.

Hoy la legitimidad cultural no depende solamente de una institución o de ganar un premio. A veces empieza con un comentario, un “me gusta” o una historia compartida cientos de veces. A veces empieza con un joven –o un adulto mayor– con un sueño, con el deseo de poder escribir la historia que gustes libre de cualquier restricción y poder compartirlo con el mundo.

Y es que como dice Dahomy Darroman, fundadora y directora del proyecto Bookkuba, ¿Cuántas personas pueden entrar al Centro Onelio? Y hay que formarse, porque poner un lápiz sobre un papel no te convierte en escritor… quiero que se deje de ver el éxito en la industria literaria como un sueño inalcanzable”.

Por eso proyectos como La Estantería Cubana en Telegram terminaron siendo tan importantes. Durante la pandemia, cuando salir era complicado, esos espacios funcionaron como refugios culturales. Gente compartiendo libros gratis, autores cubanos, audiolibros, recomendaciones un ejemplo vívido de solidaridad digital. Todo optimizado para gastar la menor cantidad posible de megas.

Asimismo, tampoco conviene idealizar demasiado el escenario. Las plataformas abiertas democratizan la escritura, sí, pero también empujan a veces hacia contenidos rápidos, fórmulas repetidas y narrativas pensadas más para conseguir vistas que para dejar huella. La presión del algoritmo existe. Y se siente.

Porque tener acceso no significa automáticamente formar lectores críticos. Muchísimas personas consumen contenido digital todos los días, pero eso no necesariamente se traduce en hábitos sólidos de lectura. Y bueno, pasa. La lógica de la inmediatez también ha cambiado la manera en que prestamos atención y procesamos los textos.

Al final, el reto no está en pelearse con plataformas como Wattpad o Telegram, ni en demonizar los memes o el fanfiction. El desafío real es entender que esa ya es la cultura cotidiana de muchísimos jóvenes cubanos. Ignorarla es imposible.

Ya los jóvenes no leen” he escuchado por ahí. La literatura en Cuba sigue viva. Solo cambió de lugar. Ya no habita únicamente en un libro gastado sobre una mesa de madera. Ahora también aparece en formato PDF, en una mezcla enorme de píxeles. Al final, el arte literario nunca ha dependido solamente del papel. Depende, sobre todo, de la necesidad humana de narrar, compartir y sentirse escuchado. Y esa necesidad, sigue más viva que nunca.


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Adrian Ordoñez Díaz

Futuro periodista. Amante de la naturaleza, el deporte y Cuba


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