Cualquier obra que se vaya a ejecutar no puede prescindir de entradas y salidas, que son esos espacios en las cercas o paredes que idealmente debieran tener un alto y un ancho adecuado a las necesidades previstas.
Sin entrar en otros detalles, lo dicho implica pensamiento para determinar dónde ubicar las puertas, por tanto, las consecuencias serán negativas si se colocan equivocadamente o no se tiene en cuenta la cantidad de personas o tamaño de lo que pasará por ahí.
Esas aberturas que dan acceso y permiten el paso son, a veces, simbólicas como el portón del barrio chino habanero al que se puede entrar o salir de cualquiera de los puntos cardinales.
También lo es el famoso Arco de triunfo, que hoy recuerda el sitio donde hubo una puerta usada por la población, a la que, en todos estos casos, se facilitaba ir de un lugar a otro según la voluntad de alguien que dominara la zona.
Sin embargo, no es el caso del fútbol y otras disciplinas deportivas donde la llamada portería es custodiada para impedir que pase la pelota, ya sea lanzada por el adversario o por uno mismo, caso en el cual denominan autogol.
Pues bien, tanto en el ámbito físico como en el espiritual, hay también puertas a la anarquía, por donde se entra y sale por decisión arbitraria de alguien que puede imponer su voluntad, como mismo lo hace cualquiera que desee acceder o abandonar la zona a su libre albedrío.
El uso de las puertas existentes o su clausura dependen de si la mentalidad es de puertas abiertas, cerradas, accesorias, traseras, blindadas, falsas, francas, giratorias, secretas o de vidrio, pero en este caso, no con las definiciones de la arquitectura, sino del comportamiento humano.
Por este rumbo, hay expresiones como dar a alguien con la puerta en su cara, en sus narices, hocicos u ojos para aludir a situaciones de desaire o negativa brusca; y de puerta a puerta referida a entregas de paqueterías a domicilio.
Cuando se dice que es abierta señala tendencia a la participación y al compromiso; de puertas adentro, para indicar intimidad y privacidad; lo tenía escondido detrás de la puerta, que es cuando alguien presenta fácil una solución inesperada.
Dicho esto, entre las tantas interpretaciones que se pueden dar ante una puerta, esas aberturas son una oportunidad de profundizar en el conocimiento del prójimo, pero hay que estar preparados para detectarlos y razonar.
Denotan mucho de las características de una persona, detalles como la preferencia a entrar por un lugar exclusivo, tener por dónde irse sin ser visto, o colocar tantas restricciones que en vez de puerta de acceso es una muralla más impenetrable que la china.
Por cierto, a veces las limitaciones las imponen “facultosos” que se atribuyen indebidamente la autoridad de decidir quién pasa o no, pero también los hay que deben controlar el cruce y excepto los juegos en el celular no atienden nada más.
Cualquiera podría pensar que hay anarquías en las puertas, pero lo cierto es que son síntomas, señales, avisos que debemos interpretar y están a la vista, y como que todos podemos tener alguna anécdota que contar, si es su caso, cuente la suya.
- Consulte además: Barredoras de nieve

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