Esta columna ha sido, por más de tres años, sobre todo, una bitácora personal. Aquí he puesto mis dichas y mis temores, convencida de que pueden ser los de otras madres, padres, abuelas…
¿Por qué entonces no compartir un poema, si los versos han formado parte también de la forma en que he vivido, hasta hoy, la maternidad y la crianza?
Este lo escribí al amanecer del 3 de enero último. Las bombas pueden caer sobre nosotros, de muchas formas, y no solo con metal y fuego. Las últimas decisiones del Gobierno de Estados Unidos para con Cuba lo demuestran. Las madres lo sabemos bien.
Y, aun así, seguiré abriendo la puerta cada día.
Patria
A la hora en que caen las bombas mi hijo sonríe dormido
mi hija abraza a su hermano
yo los adivino tibios, suaves
podría reconocer su olor contra todas las distancias.
A la hora en que caen las bombas
pienso qué pondré en la mochila
con qué fuerza cargaré a mis hijos
qué haré con su sed y con su hambre
que haré con su miedo
y con mis miedos.
A la hora en que caen las bombas me pregunto
dónde quedarán las libretas y los cuentos
el libro aquel que medio he escrito
el avión de juguete
las fotos
y las copas de mi abuela.
A la hora en que caen las bombas
aún bien lejos de la casa
todo dolor me pertenece.
Y cuando al amanecer beso a mis hijos
sé que es también por ellos que abro la puerta
y atravieso el día
en la riesgosa conquista de estos sueños.

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