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sábado, 20 de junio de 2026

Padres

Cada quien tiene su lista de padres que son héroes de lo cotidiano...

Yeilén Delgado Calvo
en Exclusivo 20/06/2026
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Paternidad, obra de Laura Nucenovich.
Paternidad, obra de Laura Nucenovich.

Ante la página en blanco, que ya me mira con sospecha mientras pienso; pienso, y finalmente escribo, sobre los padres que he conocido a lo largo de mi vida, o sobre los actos paternales que he presenciado.

Son muchos. Mi propio padre y sus advertencias del tipo “mira bien antes de cruzar la calle” y “no hables por teléfono cuando esté tronando”, incluso cuando sus hijas somos ya mujeres bien grandes; mi padre, y su manera de ser abuelo, vigilante, preocupado, protector.

El hombre con el que comparto la vida, con todo lo que ella trae de risas y de lágrimas, y que supo pasar de ser padre de uno, a serlo de tres, y un perro. Ese que pone brazos fuertes donde los míos son flacuchos, que me alerta cuando no llego y también cuando me paso, que se hace niño para ponerse a la altura de quienes juegan, y que todos los días sabe lo que es extrañar.

El padre de mis hijos, que les compone y canta canciones para levantarlos de la cama; que les inventa nombres y los ayuda a recolectar semillas. Que lo mismo los lleva a ver La Colmenita, que les cocina frijoles negros.

Y pienso en el padre de una amiga que le escribía cartas cada día de su cumpleaños, aunque jamás vivieron lejos; y cuando a él se le detuvo el corazón, aún muy joven, ella las releía una y otra vez, para encontrar consuelo.

O en aquel otro, colega, que se me sinceró ante el incumplimiento de una fecha límite: su hija había partido a otro país. Él era todo desasosiego y no tenía manera de sentarse a escribir. “No sé cómo voy a vivir”, me dijo, “pero encontraré la manera de ser feliz por ella”.

He sabido de padres que, mar por medio, no dejan de estar atentos al examen que viene, a la carrera que se otorgará, a las películas que ven sus hijos. He visto a los que llegan con el fin de semana, lo mismo en bicicleta que a pie, a buscar a la chiquilla y su mochila, y no se pierden esa cita por nada.

Hay padres que lidian con la enfermedad de sus hijos e, incluso, con la pérdida. Que no dan un paso atrás ante las agujas, el dolor o el estigma. Que muestran con orgullo a sus hijos tal cual son, y los acompañan cuanto haga falta, incluso si eso significa toda la vida.

He visto a padres correr al hospital por una fiebre; los he visto responder con un silencio feroz a la doctora que pregunta “¿y por qué la madre no lo trajo?”; y también quedarse en casa sin ninguna vergüenza para cuidar al niño enfermo, aun cuando el jefe insiste: “¿y por qué no se queda la mamá?”.

He visto padres solteros, casados, divorciados… que son buenos padres, que sienten que la paternidad los define, y que saben que requiere esfuerzo: no solo estar, sino también poner el sentimiento y el cuerpo, día tras día, noche tras noche.

Padres que encienden el carbón, que echan fresco con el abanico, que caminan detrás del alimento. Padres que abrazan, que besan y que lloran. Que peinan y bañan.

Ante esos padres que sí existen, palidecen los que nunca estuvieron, los que abandonan, lo que lo son solo de apellido.


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Yeilén Delgado Calvo

Periodista, escritora, lectora. Madre de Amalia y Abel, convencida de que la crianza es un camino hermoso y áspero, todo a la vez.


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