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viernes, 13 de febrero de 2026

Cuando un amigo se va

Nos quedamos sin Blasito…

Rafael Norberto Pérez Valdés en Exclusivo 13/02/2026
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Blasito
Cuando un amigo se va (Imagen generada con Chat GPT) (Rafael Norberto Pérez Valdés / Cubahora)

Cuando mi padre, también buen periodista como él, quedó inválido, y confinado a un tercer piso sin elevador, fue el único que continuó visitándolo. Y lo hacía cada domingo…

Es por eso, y por mucho más, que la noticia de su fallecimiento este domingo, llegada a mí con retraso, la sentí como un flechazo profundo en mi corazón:

“Se murió Blasito”.

Me parece que era ateo. Pero cada domingo, cuando muchos del barrio, o de otras zonas, iban para la misa en la Iglesia San Juan de Letrán, él actuaba con la disciplina de un padre o un sacerdote que tiene el compromiso de impartir una misa.

En este caso ese compromiso incansable, repito: cada domingo, se lo dictó su noble corazón.

Y lo que hacía ese día era ponerse debajo del brazo un grupo de periódicos extranjeros (en ese momento trabajaba en Comercio Exterior), y llevárselo a mi Papá, para que hiciera sus comentarios de temas internacionales en el periódico Granma, en el cual laboró en dos momentos, y en el que se jubiló.

Si no podía por la mañana lo hacía por la tarde.

Habían sido colegas, y más que ello amigos, durante muchos años.

Guardo en mi memoria, entre tantos recuerdos, una anécdota que creo me contó una vez mi padre, y que Blasito pareció olvidar….

En los años 70 ellos trabajaban en la revista de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Mi padre, entonces un revolucionario de la extrema izquierda, hizo un comentario crítico ante un noticiero de televisión. Alguien lo informó. Y se pensó en aplicarle una medida simbólica si no se retractaba. No lo hizo. Entonces fueron a preguntarle su opinión a Blas (expuesto también a sanción según respondiera):

“Me parece que tiene razón”, dijo con su habitual valentía.

Así era Blasito…

Y digo más: era una novela.

El hombre que fue

Juan Blas Rodríguez (Ciego de Ávila 1934-¡el mismo año de mi padre!-La Habana 2026) era también una de las personas con mayor sentido del humor que muchos hemos conocido.

Por eso parece lógico que también haya escrito tanto sobre el humor.

Allá en Ciego de Ávila luchó de forma muy destacada contra la dictadura de Fulgencio Batista, y muchos años después, por citar un ejemplo, vinieron a pedirle una verificación de esa época sobre Ricardo Cabrisas, quien llegara a ocupar importantes responsabilidades y ser vice primer ministro.

Intento resumir parte de su vida profesional:

Graduado de Derecho. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba, y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas. Laboró en el diario Juventud Rebelde, y en la revista de la ANAP. Escritor de programas de Radio y Televisión. Colaborador de sitios web, como Radio Ciudad de la Habana…

Le hizo una entrevista muy larga al Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal (1936–2014), uno de los sacerdotes e intelectuales más influyentes de la Cuba contemporánea, para un libro que nunca vio la luz.

Adoraba su cuidado archivo, con el que hizo las mil y una colaboraciones, como las realizadas para la radio.

Y al final, cuando a veces la mente nos juega una mala pasada, lo fue destrozando convirtiéndolo en pedacitos de papel.

Estuvo casado durante 37 años, hasta que ella falleció, con Ada Viñas Rodríguez (conocida como Maya), quien escribía programas infantiles.

Mi papá murió en 2008. Y Blas hace unas horas.

Pero, y valga ahora un poco de exageración, tocado por la nostalgia y el agradecimiento, en el aire de los domingos, a mitad de mañana, parece flotar en nuestro apartamento su llegada risueña, con los periódicos debajo del brazo.

La ausencia

Una confesión casi innecesaria:

Blasito, por supuesto, era más amigo de mi papá que mío. Pero de todas formas ahora retumba con mucha fuerza en mi mente, y en mi corazón, el estribillo de esa emocionante canción en la voz de Alberto Cortéz:

Cuando un amigo se va

Queda un espacio vacío

Que no lo puede llenar

La llegada de otro amigo

*****

Y una confesión final para los lectores de Cubahora:

Ahora tengo también una foto suya, algo material donde detener la mirada. Y eso tiene un valor inmenso. Pero antes de que llegara, su ausencia no podía frenar esta crónica.

Casi como quien busca una luz en medio de la nostalgia, surgió la idea de que un joven amigo, nativo cibernético, recreara su presencia a través de una ilustración hecha con Inteligencia Artificial.

Para ser sincero, al verla sentí algo inesperado: no era solo una imagen… era otra forma de recordarlo.

Blasito


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Rafael Norberto Pérez Valdés


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