sábado, 13 de julio de 2024

¿Quién es el socarrón?

Natura propone, y el fastidioso espíritu humano se revuelve con todo…

Mileyda Menéndez Dávila
en Exclusivo 11/06/2024
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Intimidades
Hay cosas de la Naturaleza que es mejor aceptar, si no puedes cambiarlas.

“El cielo está medio socarrón”, dictamina Jorge mirando la luminosa nubosidad a través de las hojas del mango del patio, y ahí comienza el chucho familiar: apenas pasó una semana haciendo dibujitos en un evento de Meteorología y ya tiene su propio lenguaje holístico para explicar la ambigüedad de un fenómeno externo que nos pesa en el alma. 

Su comentario me recuerda a la amiga Martha, de Senti2, quien se queja del efecto climático sobre su usualmente brillante humor. Lleva semanas suspirando por un rayito primaveral, y yo me río imaginando una escena suya de torso desnudo en un prado londinense (como las vi a montones en los balcones checos y los parques del viejo Berlín), lista para hacer el amor con el simbólico amante celestial que dejó en el Caribe.

Los nublados de Martha son un día sí y al otro también: ese es el precio de despertar con el sonido del Big Ben y mirar fútbol de primera mano, al menos mientras dure su misión en la ciudad de Sherlock Holmes.

Como no puede cambiar el clima, y por ahora no cambiará de latitud, se empecina en añorar las radiaciones del crepitante astro que trae locos a muchos en esta zona del mundo, y ese contraste leído en el nuestro wasa de las quejas (otro día cuento) la mortifica mucho más.

“Eso es falta de vitamina D”, le digo a modo de consuelo, y no es mentira: el cuerpo humano no puede sintetizarla por ninguna otra vía y necesita adquirirla directo del ambiente, con la venia del Sol. Y con la D baja, hay menos serotonina, la hormona del bienestar, y menos nivel del positivísimo “todomeresbala”, tan esencial en estos tiempos.  

Curiosamente, por estos días hay muchos martharizados en la Isla con el exceso de lluvia y socarronería ambiental, para probar lo inconforme que es nuestra naturaleza (la humana, digo, la otra paga las consecuencias, pero se acomoda).   

La camagüeyana Tay protesta por el agua extrema sobre sus cactus y suculentas, pero ella al menos puede cargar con sus macetas y protegerlas en la escalera de la azotea, hasta que recupere el turno de quejarse por el exceso de calor, los sudores y la cercanía de otro cuerpo en su cama, que a veces se siente como la caída de un candente pedrusco sideral.

Como la ciencia pone nombre a todo, ese malestar se llama Trastorno afectivo estacional, y suele ser más habitual en las mujeres, más conectadas con los ciclos de la Tierra. Así que si te sientes irritada, con mayor apetito y menor capacidad de concentración y energía, el asunto puede ser del clima y no del climaterio: no lo hagas cargar con todo.

En estos días dan ganas de quedarse en la cama, a temperatura controlada y con buena compañía, confiesan varias… y tiene lógica, porque el sexo reposado es buena fuente alternativa de serotonina en vena, y la lluvia un genial justificante para no cumplir nada de lo que incluiste en la lista de limpieza pre estival (¿o soy yo sola la del descaro?).

Lo peligroso de ese remedio es que no siempre está a mano la contraparte adecuada, y según una amiga a quien le encantan las correlaciones espurias, en su pueblo hay muchos hijos sin padre, o para nada parecidos al que asumió el puesto, nacidos unas 40 semanas después de este período plomoso, en el que es fácil cogernos la baja (metáfora que viene por lo del ánimo alicaído y la vulnerabilidad a los abrazos, especifico, aunque tiene también algo de físico, innegable).

A mí no me molestan los días lluviosos. Si acaso un poco de su realismo mágico esclarecedor… para seguir con eufemismos, porque lo que descubro con la lluvia calurosa son goteras y dolores articulares usualmente fuera del radar.

Sería genial hacer algunas propuestas indecorosas al meteorólogo de casa, pero sale de viaje rumbo al centro (no de la Tierra, aunque así pueda percibirlo en un coche de tren no climatizado). Por mucho que inspire este final de caótica estación, toca mirar por la ventana con un tilito en mano, abanicarse la humedad y añorar mejores razones para quejarse del tiempo… Del tangible, digo, porque el otro vuela y no hay nada que hacer para bajarse de sus rieles, ¿verdad, Martha?


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Mileyda Menéndez Dávila

Fiel defensora del sexo con sentido...


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