Los críticos infalibles y su arte de ganar
Hay quienes solo desean ganar discusiones: si no haces, critican la pasividad e inacción, si haces y sale mal, recriminan el desastre; pero si hay buenos resultados, también reprochan por no haberlo hecho antes.
Son como el juez supremo e infalible de la crítica que juzgan sin importar las consecuencias, no buscan soluciones ni diálogo; solo la satisfacción de sentirse vencedores, aunque sea gracias a las confusiones, dejando un rastro de desmotivación a su paso.
Esa actitud podría obedecer patrones emocionales profundos o incluso rasgos de personalidad que merecen comprensión a pesar de que exasperan y, en algunos casos facilitarles apoyo profesional para un mejor equilibrio personal.
Otra cosa son los que con técnicas de guerra psicológica usan un arsenal de críticas selectivas para anular el razonamiento: un apagón prueba incompetencia, la cola del pan demuestra colapso sistémico, y hasta el cielo nublado les sirve para gritar "¡fracasaron!".
Y ni una palabra, por supuesto, sobre el buen samaritano del norte, con su permanente y creciente embargo que ahora llama presión para no admitir que es un bloqueo con el cual hasta quisieran tapar el sol para que los parques solares fotovoltaicos no funcionen.
¿Dificultades provocadas por Washington? ¡Qué disparate! Ellos prefieren decir que en Cuba cada problema nace exclusivamente de la "torpeza local". Pura estrategia: criticar sin contexto, desmoralizar sin piedad, y siempre salir como profetas infalibles.
Pero no todo es sombra en el panorama de la crítica porque existen quienes tienen el propósito de mejorar la situación, aunque pueden ser voces incómodas, pero valiosas, que señalan fallas para construir, no para destruir.
Sus palabras suelen doler por la franqueza, pero merecen ser atendidas porque brotan de un deseo real de progreso colectivo y están además agobiadas por presiones externas que dificultan apreciar correctamente la situación.
Escucharlas fomenta la unidad en estos tiempos difíciles, donde el enemigo externo está al acecho para asechar con tácticas de engaños y trampas con las cuales fraccionar y fomentar divisiones.
Atender estas críticas constructivas no debilita; al contrario, fortalece los lazos internos, permite correcciones oportunas, contribuye a transformar las insatisfacciones en acción compartida y cierra brechas.
En última instancia, toda crítica —sea cual sea su intención oculta o manifiesta— debe ser atendida. Incluso el aluvión mediático de los enemigos con toda su malicia estratégica puede despertar ideas y alertas útiles: un dato ignorado, una perspectiva que obliga a replantear, o un error que urge corregir.
Extraer el veneno y aplicar el antídoto es tarea de un liderazgo sabio, pero ignorarlas por completo sería ceder terreno, por lo cual se requiere el diálogo amplio, filtrado con inteligencia, ciencia y técnica para convertir cada voz crítica en energía para avanzar.
Si bien hay quienes solo desean sentirse ganadores, aunque sus críticas sean injustas, y otros las esgriman con malas intenciones, enriquece atender hasta las hipercríticas de autosuficientes que las expresan de manera irrespetuosa, intolerantes e inoportuna.
- Consulte además: ¿Palabras? ¡Sí, palabras!, pero no tan solo palabras

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