Bajo los jazmines del Cibao, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)ha reunido a representantes de 30 naciones. El 41.º período de sesiones no es solo un foro técnico. También es un espacio donde emergen las fracturas de un sistema global en convulsión. El objetivo del encuentro, plasmado en el informe central «Rupturas y oportunidades», es diseñar estrategias para que la región transforme sus recursos estratégicos—energía, minerales, biodiversidad—en motores de desarrollo soberano frente a nuevas hegemonías.
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La inauguración fue liderada por el costarricense José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL. El evento congregó a figuras políticas del continente como la expresidenta chilena Michelle Bachelet y el exmandatario colombiano Iván Duque; el economista caribeño Keith Nurse; el ministro uruguayo de Relaciones Exteriores Mario Lubetkin y Albert Ramdin, secretario general de la OEA. En las mesas de debate, cuatro temas dominaron la agenda.
En la asamblea se debatió sobre las cadenas de valor regionales para reducir vulnerabilidades externas y sobre el financiamiento inclusivo, superando el uso del PIB como único criterio de acceso a fondos. Por otro lado, las transiciones energéticas en un mundo de desabastecimiento tecnológico y las respuestas colectivas a sanciones unilaterales que violan la autodeterminación también estuvieron entre los temas discutidos por los presentes.
Fue en este último punto donde Cuba, representada por la viceministra de Comercio Exterior Deborah Rivas Saavedra alzó la voz. En un auditorio donde también intervinieron delegados de México, Bolivia y Nicaragua, Rivas denunció el dispositivo multiforme del bloqueo estadounidense que últimamente se ha visto manifestado en el congelamiento de cuentas bancarias a empresarios privados cubanos, los miles de contenedores de medicinas y alimentos varados en puertos extranjeros por presiones financieras, y los nuevos decretos de 2026 que asfixian el acceso a tecnologías para parques solares e industrias nacionales. «Es una política diseñada para impedirnos ser, no solo para limitarnos», sostuvo, mientras detalles del informe de la CEPAL respaldaban su diagnóstico: la región pierde el 15% de su potencial productivo por trabas tecnológicas y financieras externas.
La Viceministra de Comercio Exterior, Deborah Rivas, presentó la postura cubana evidenciando que el bloqueo económico impulsado por Estados Unidos daña la economía cubana y las relaciones económicas de la región. Citó como ejemplo la imposibilidad de exportar productos distintivos como ron o tabaco a mercados naturalmente conectados. Con mayor propósito, identificó que esas medidas son incompatibles con los ejes centrales de la agenda regional.
La delegación cubana, más allá del reclamo, hiló propuestas. Frente a un panel donde se alertaba sobre los riesgos de la fragmentación geopolítica, Rivas defendió que Cuba ejecuta ya sus transformaciones incluyendo programas para reactivar la industria local con microcréditos estatales, reformas legales que facilitan la inversión extranjera en biotecnología y energías limpias y un modelo sanitario que prioriza la atención comunitaria pese al desabastecimiento. «Cooperamos con lo que tenemos, no con lo que nos sobra», recordó al evocar que la isla formó a más de 40 mil médicos latinoamericanos en la última década.
Cuba también enfatizó el daño que las sanciones causan a su capacidad operativa estratégica: afectando el acceso a tecnologías limpias para su transición energética, bloqueando servidores necesarios para su transformación digital e impidiendo la modernización industrial mediante la importación de piezas clave. Pero en paralelo propuso su biotecnología como contribución vital para la salud regional.
A escala regional, el debate generó adhesiones significativas a la causa cubana: México destacó el efecto negativo que el bloqueo tiene sobre sus propias economías vinculadas; mientras que Bolivia y Nicaragua también coincidieron explícitamente en condenar las sanciones.
Cuba, en este mosaico, se exhibió como una paradoja, un país bajo asedio, pero también una potencia sanitaria y científica que ofrece soluciones propias. Su mensaje trascendió, ningún bloqueo podrá impedir que la isla siga tejiendo, junto a América Latina y el Caribe, una soberanía que ya no es aspiración, sino acero temperado por la urgencia.

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