Apenas tenía 20 años cuando cayó abatido por las balas de la represión machadista. Sin embargo, el nombre de Rafael Trejo González trascendió la fugacidad de aquella joven vida para convertirse en uno de los símbolos de la resistencia estudiantil y popular contra la dictadura de Gerardo Machado. A más de nueve décadas de su muerte, su legado aún se asocia al compromiso con la justicia, la dignidad y la lucha por una Cuba mejor.
En 1930 la profundización de la crisis económica derivada de la depresión mundial de 1929 había agravado las condiciones de vida de obreros, campesinos y amplios sectores de la población. Las protestas obreras y estudiantiles se multiplicaban, mientras la respuesta gubernamental se hacía cada vez más brutal.
En ese escenario emergió la figura de Rafael Trejo, conocido cariñosamente como Telo entre familiares y amigos. Estudiante de Derecho y vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de esa facultad, se había destacado por su activa participación en las luchas universitarias. Defendía la autonomía universitaria, promovía reformas académicas inspiradas en las ideas renovadoras impulsadas años antes por Julio Antonio Mella y asumía con naturalidad los riesgos de la militancia antimachadista.
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Pero Trejo era mucho más que un dirigente estudiantil. Había nacido el 9 de septiembre de 1910 en San Antonio de los Baños y luego se trasladó con su familia a La Habana. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un joven culto, deportista y afable. Practicaba remo y natación, disfrutaba del ajedrez, dominaba varios idiomas y sentía una profunda pasión por la música. Tocaba el piano y el violín, poseía voz de barítono y acostumbraba reunir amigos en su casa para compartir conversaciones, lecturas y veladas musicales.
Su decisión de estudiar Derecho respondía también a una vocación de servicio. Aspiraba a poner la profesión al alcance de quienes no contaran con recursos económicos y contribuir al fortalecimiento de la justicia en el país. Aquella vocación cívica encontró cauce en el movimiento estudiantil. Junto a jóvenes como Raúl Roa, con quien entabló una estrecha amistad, Trejo se fue involucrando cada vez más en la lucha contra la dictadura. El patriotismo, la rebeldía y el rechazo a las injusticias marcaron su actuación en años especialmente convulsos para la nación.
La manifestación convocada para el 30 de septiembre tenía objetivos concretos: denunciar la represión gubernamental, exigir la restitución de estudiantes sancionados por sus actividades revolucionarias y reclamar la salida de Machado del poder. También pretendía expresar públicamente el compromiso de la juventud universitaria con los problemas del país.
La mañana del 30 de septiembre de 1930 amaneció gris y lluviosa en La Habana. Aun así, cientos de estudiantes acudieron a la Universidad de La Habana decididos a manifestarse contra el régimen de Machado.
Sin embargo, los alrededores de la Universidad estaban tomados por fuerzas policiales y militares. Ante la imposibilidad de realizar el acto previsto, los estudiantes se dirigieron hacia el parque Eloy Alfaro. Allí, entre consignas contra la tiranía y muestras de patriotismo, se produjo una violenta arremetida de las fuerzas represivas.
En medio del enfrentamiento cayó Rafael Trejo.
Los testimonios posteriores coincidirían en un hecho esencial: el joven se encontraba desarmado. Una vecina que presenció los acontecimientos declaró que fue alcanzado por los disparos de un agente policial cuando no representaba amenaza alguna. Aunque su testimonio contribuyó a esclarecer lo ocurrido, el responsable nunca fue sancionado.
Herido de gravedad, Trejo fue trasladado al Hospital Municipal de Emergencias. Allí también se encontraba Pablo de la Torriente Brau, quien había recibido un balazo en la cabeza durante los disturbios. Años después, el destacado intelectual evocaría una imagen que terminó convirtiéndose en parte inseparable de la memoria de aquel día: la sonrisa con que Trejo lo saludó desde la camilla, pese a la gravedad de sus heridas.
Sometido a una compleja intervención quirúrgica, el joven falleció a las 9:50 de la noche.Su muerte conmocionó al país.Dos días después, una multitud integrada por estudiantes, trabajadores y ciudadanos de distintos sectores acompañó su sepelio. Más de seis mil personas desfilaron ante el féretro instalado en la vivienda familiar. El funeral se transformó en una multitudinaria demostración de rechazo a la tiranía y de solidaridad con la causa estudiantil.
Lejos de contener la protesta, el asesinato de Trejo alimentó la indignación popular. El gobierno respondió suspendiendo garantías constitucionales, intensificando la represión y clausurando la Universidad de La Habana. Pero el efecto fue el contrario al esperado. La lucha contra Machado ganó nuevos bríos y alcanzó una dimensión cada vez más amplia.
Historiadores y protagonistas de la época coinciden en señalar aquella jornada como un punto de inflexión. El 30 de septiembre de 1930 marcó el inicio de la fase más combativa de la denominada Revolución del 30, proceso que contribuiría decisivamente al derrocamiento de la dictadura el 12 de agosto de 1933.
La figura de Rafael Trejo quedó desde entonces ligada a esa escalada de resistencia. No fue únicamente el estudiante asesinado durante una protesta. Se convirtió en el símbolo de una generación que decidió enfrentar la injusticia aun cuando ello implicara arriesgar la propia vida.
Quizás por eso su recuerdo ha sobrevivido al paso del tiempo. No solo por la dimensión histórica de su sacrificio, sino también por la humanidad que revelan quienes lo conocieron: el joven que disfrutaba la música, el deportista entusiasta, el estudiante brillante, el amigo leal y el hombre que soñaba con una sociedad más justa.
Esa combinación de sensibilidad y coraje explica que, décadas después, la imagen más persistente de Trejo siga siendo aquella evocada por Pablo de la Torriente Brau en la sala de urgencias. La de un muchacho gravemente herido que, aun frente a la muerte, conservaba intacta la sonrisa.
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Porque en ella parecía resumirse la certeza de que los ideales por los que luchaba sobrevivirían más allá de su propia existencia. Y así fue.
Episodio del programa Tomo I dedicado a Rafael Trejo:

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