A veces me encantan las verdades de Perogrullo. Vengo con una de ellas: Las luchas y el judo son dos de los deportes más importantes para el movimiento deportivo de Cuba. Pero la verdad es que no estuvieron muy bien en 2025. Y ello es lo que me ha traído hoy al teclado casi empezando el 2026.
Vamos a recordar una idea: Son los de mayor aporte en los siempre tan esperados y difíciles Juegos Olímpicos. Son, en esencia, de los seguros de vida de nuestra delegación.
Cuando el atletismo duda o el boxeo se ajusta los guantes en medio de una transición generacional, siempre miramos hacia el centro del tapiz. Allí, donde la fuerza bruta se encuentra con la técnica refinada, Cuba ha cimentado su prestigio mundial.
Sin el empuje de los gladiadores y la garra de los judocas, el medallero cubano perdería su columna vertebral, esa que nos ha mantenido históricamente en la élite frente a potencias de presupuestos inalcanzables.
Y ahora vamos a recordar los datos de ello, pues la historia no miente y los números son sagrados:
Las luchas, en sus variantes libre (masculina y desde hace poco la femenina), junto a la grecorromana, ha sido un festín constante de metales.
El judo desde el debut dorado de Héctor Rodríguez en Montreal 1976 hasta la fecha, una fábrica de podios, acumulando preseas que han elevado a figuras como Idalys Ortiz al Olimpo eterno.
Juntos, estos deportes no solo suman números; suman identidad, respeto y ese temor reverencial que sienten los rivales cuando ven el nombre de "Cuba" en el sorteo inicial.
Nuestro país ha ganado en Juegos Olímpicos, 86 medallas de oro, entre las cuales el botín mayor se lo han repartido el boxeo (42), las luchas (12), atletismo (11) y el judo (6).
Bueno, ahora se impone, para entenderlo todo mejor, recordar qué sucedió en los más recientes.
Aquel rugido inolvidable
En los de París 2024, pude observar a pocos metros, como enviado especial de la revista Bohemia, y también escribiendo para Cubahora, la meritoria faena de los luchadores.
Lo más grande, y uno de los momentos más espectaculares vistos en la Ciudad Luz, fue la quinta medalla de oro de Mijaín López (división de los 130 kilogramos del estilo grecorromano), lograda con casi 42 años de edad.
Sí, ningún otro deportista ha podido subir al podio en ellos en un mismo evento individual.
Pero no fue lo único, pues hubo más también en la greco, y en la lucha femenina, las cuales mostraron destellos de esa competitividad que nos caracteriza, logrando medallas que supieron a gloria en medio de un ciclo convulso.
El aporte de la greco no quedó solo en Mijaín López (lo bauticé desde París como ML5), pues aportaron bronces Luis Alberto Orta (67 kilogramos), quien había sido campeón en los 60 de Tokio 2020, y Gabriel Rosillo (97).
La libre masculina no tuvo podio, pero la femenina, en unos progresos tan increíbles como muy emocionantes, alcanzó sus primeras medallas: plata de Yusneylis Guzmán (50), y bronce de Milaymi de la Caridad Marín (76).
Una cosecha (1 de oro-1 de plata-3 de bronce=5 en total) que nos dejó en el quinto lugar de la tabla de medallas de este deporte.
Fue la confirmación de que el biotipo y la escuela cubana de luchas continúan siendo referentes globales.
El judo, en cambio, no vivió iguales alegrías: se quedó sin medallas por primera vez desde los de Barcelona 1992, lo cual tiene sonando las alarmas de cara a los de Los Ángeles 2028.
Voy cerrando una idea que abrí en el primer párrafo:
En 2025 ese tan peligroso y preocupante paso atrás se reflejó en la selección de los mejores deportistas cubanos.
Un termómetro inquietante
Los datos no dejan dudas:
En 2024 el mejor deporte individual fue las luchas; Mijaín López y Yusneylis Guzmán los más destacados individualmente; y en la lista de los 10 tuvieron espacios Luis Alberto Orta, Gabriel Rosillo y Milaymi de la Caridad Marín.
Pero en 2025 las luchas le cedieron como deporte su podio al atletismo, y también las nominaciones de mejor atleta masculino (el boxeador Julio César de la Cruz, incluso sin su mejor campaña) y femenino (la saltadora de triple Leyanis Pérez).
En esa selecta lista solo pudo mantenerse Milaymi de la Caridad Marín, apuntalada por su bronce en el Campeonato Mundial, en Zagreb, Croacia.
El judo, una vez más, no halló representación en esa élite, confirmando un 2025 donde otros deportes acapararon los reflectores, pero la ausencia de kimonos en el top fue notoria.
Una obligación del periodismo es poner el parche antes de que salga el grano.
No exagero: Cuando muchos miramos hacia los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, y las posibilidades de Cuba en ellos, uno siente el aviso de las alarmas.
El deporte, como la vida, es cíclico, pero los ciclos no se cierran solos: Hay que empujarlos con gestión, sudor y estrategia. No basta con la estirpe; hace falta que el relevo sienta el peso de la licra y el judogi como una armadura sagrada.
Cuba necesita que sus guerreros despierten de este letargo post-olímpico, porque el camino a Los Ángeles 2028 ya empezó, y en el deporte de alto rendimiento, quien se queda dormido en los laureles, termina mirando el podio desde la grada.
Es hora de volver a los orígenes, de pulir el agarre y proyectar con fuerza el futuro, antes de que el tiempo nos aplique un tackle o un ippon irreversible.
Esperando un despertar
Las proyecciones hacia Los Ángeles 2028 dependen de que los colchones y los tatamis recuperen el brillo perdido tras un 2025 de sequía y señales de alerta…
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