Los Seattle Seahawks derrotaron a los New England Patriots por el título de la Liga Nacional de Fútbol, pero aún no sabemos quién ganará a quién en las disputas que se informaron en el espectáculo del descanso. Si Bad Bunny sirvió a la NFL para su “latinización” y lavado de cara, o si el Super Bowl le sirvió al elegido para posicionar su marca y su discurso cuestionador.
Un mes después, aún no sabemos si su perro fue solo ladrido o algo rompe. Si este “hito cultural”, “manifestación de identidad latina”, “celebración”, “declaración”, “gran fiesta”, “tributo a Puerto Rico y a la idiosincrasia latinoamericana”, “mural viviente”, “triunfo colectivo latino”, se constituirá en ruptura real en la política antinmigrantes y en qué medida contribuirá a la más trascendente lucha contra el neofascismo que performa en la escena pública del Imperio (para quedamos en tan solo un segmento de los tantos conflictos en juego).
Lo planteó Santiago Cembrano, desde antes que Bad Bunny iniciara su actuación, sobre el Levi’s Stadium ya pendían varias preguntas: “Una era si el show del medio tiempo era un cambio desde dentro del poder o un entretenido lavado de cara de ese poder. Otra, si un impulso activista en este escenario podía hacer algo más que fortalecer un sistema que se muestra abierto a la crítica mientras se afirma en su statu quo: la rebeldía como mercancía pop masiva, tan vendible como una entrada de mil dólares o un perro caliente. Y una tercera cuestión: incluso si todo sigue igual, si Estados Unidos sigue bombardeando el Caribe, si ICE sigue aterrorizando a los migrantes, si el Gobierno sigue tratando a los latinoamericanos como una amenaza, si Puerto Rico sigue siendo una colonia, ¿pueden presentaciones como la de Bad Bunny ser algo más que un consuelo alegre?”
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Lo que el “rey del trap latino” expuso fue un sancocho de símbolos y sentidos, de materialidades e inmaterialidades diversas, sólidas/sedimentadas y líquidas/efímeras, personales y colectivas; de historias, recuerdos, experiencias de vidas, relaciones, encuentros y desencuentros, narrados y servidos tecnológicamente, con una estética de videoclip y un ritmo de TikTok. Una tajada del collage resultante, un saldo de coladas de sucesivas hibridaciones y manipulaciones maquínicas. De lo que fue un largo proceso de singularización en la periferia de Puerto Rico, pasado por membranas/hipermediaciones colonialistas y capitalísticas.
En su presentación televisada, la megaestrella global cae una y otra vez, espectacularmente. Se tira a una singularidad y se desdobla en otra i-dentidad. Cae de sí y desde las representaciones mediatizadas, las de su persona y las de su marca, desde la condición de boricua famoso y la de vocero del inmigrante “latino” en lo Estados Unidos, desde y hacia su ser y en su transitoria apariencia, distinguibles de la del blanco- anglosajón-millonario. Se reconoce en su cuerpo y en su sentirse “rico”, en su perreo que es una parte de un cuerpo colectivo que performa con él y con sus acompañantes, hacia un sistema de pertenencia más general, con la pluralidad de abordajes de ser únicos y diversos.
Enunciación tras enunciación, en un espectro de semiotizaciones, descentradas en su cuerpo y en los cuerpos de los bailarines, de las personas-plantas, de los invitados y de los espectadores, como en sus particulares condiciones de existencia. Aunque en el mismo canal de desterritorialización. En el más funcional al modo de subjetivación capitalístico, tecnológicamente reconducidos al nivel del individuo: “Buenas tardes, California. Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio. Y si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí”.
Tránsitos conectados y modelados por el Bad Bunny de “Titi me preguntó” o por el de “El Apagón”, o por los badbunnys que más le acomoden a los millones que fueron cayendo junto con él, íntimamente.
Como inmersiones en una madeja de conectores y referentes. Para canalizar sus expectativas y sus impulsos de rebeldía hacia una experiencia global de consumo. En un proceso de subjetivación que como advirtiera Félix Guattari, no es solo es cuestión de ideas o de significaciones por medio de enunciados significantes, ni se reduce a modelos de identidad o a identificaciones con polos opuestos, sino que se trata “de sistemas de conexiones entre las grandes maquinas productivas, las grandes máquinas de control social y las instancias psíquicas que definen la manera de percibir el mundo”.
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Dichas membranas y tecnologías, determinaron las dosis y aún modelan las señales del Super Tazón. Lo eyectado rebotó en paradigmas y en referentes distribuidos interesadamente, se entrampó o circuló según las tramas de significaciones operantes en los espectadores y en los evaluadores. De ahí, las diversas lecturas que ha generado su puesta en escena y todo lo que ha quedado por fuera de estas narrativas.
Fue un “bofetón” al trumpismo y también una pincelada del multiculturalismo liberal.
Recordemos que previamente el ogro naranja había criticado a la NFL por su elección. En septiembre, en entrevista telefónica con el presentador Greg Kelly del consercador canal NewsMax, manifestó con su habitual arrogancia: “Nunca he oído hablar de él. No sé quién es. No sé por qué están haciendo esto. Es una locura. Y luego culpan a algún promotor que contrataron para seleccionar el entretenimiento. Creo que es absolutamente ridículo”.
“Creo que es una pésima elección. Lo único que hace es sembrar odio. Terrible”, afirmó Trump. Ante lo que Benito respondió en varios espacios.
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"Estoy muy feliz, y creo que todo el mundo está feliz por ello. Incluso Fox News”, ironizó Bad Bunny en el programa Saturday Night Live. Aquella noche expresó en español que dedicaría su presentación a todos los latinos: “Todos los latinos y latinas de todo el mundo, y aquí en los Estados Unidos, toda la gente que ha trabajado para abrir puertas. Más que un logro mío, es un logro de todos, mostrando que nuestra huella y aporte a este país, nadie podrá quitársela ni borrarla jamás”. Para rematar en inglés: "¡Si no entendiste lo que acabo de decir, tienes cuatro meses para aprender!
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Al final del videoclip de “NUEVAYol” se ve a varios jóvenes sintonizando una estación de radio que reproduce una voz que simula a la de Trump, arrepintiéndose de sus políticas contra los inmigrantes en Estados Unidos: “Cometí un error. Quiero disculparme con los inmigrantes en América”, dice la voz en inglés. “Estoy en los Estados Unidos. Sé que América es todo el continente. Quiero decir que este país no es nada sin los inmigrantes. Este país no es nada sin mexicanos, dominicanos, puertorriqueños, colombianos, venezolanos, cubanos”. Los muchachos con “espendrús “y peineta rechazan su demagogia.
Durante la gala de los Grammys, al recoger su premio a Mejor Álbum de Música Urbana, Benito expresó: "Antes de decir gracias a Dios, voy a decir fuera ICE. También quiero decir a la gente que no odie a nadie en esta época, el odio se vuelve poderoso con más odio y lo más poderoso que eso es el amor; necesitamos hacer distinto, peleamos con amor, no necesitamos odiar a nadie”. Idea que recolocó en una pantalla del estadio: “Lo único que es más poderoso que el odio es el amor”.
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Su Tazón de medio tiempo fue el colofón de su contienda antiTrump.
De inmediato, Donald Trump reaccionó: “El show de medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia”, escribió en Truth Social. “Este ‘show’ es solo una ‘bofetada en la cara’ para nuestro país, que está estableciendo nuevos estándares y récords cada día”.
"El baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo", dijo el cercano del traficante de menores Jeffrey Epstein.
Mientras, el expresidente Barack Obama, adalid del smart power, opinó sobre el espectáculo: “Fue inteligente porque no era un sermón. Era una demostración y una exhibición (sobre) lo que es una comunidad y la gente. … Quienes no hablaban español y nunca habían estado en Puerto Rico vieron a esa anciana, (Toñita), sirviendo una bebida y a los niños bailando con sus abuelas. Y fue intergeneracional. Y fue un recordatorio de cómo el doctor, (Martin Luther), King llamó a la comunidad querida, que no es perfecta y, a veces, es caótica”.
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El Super Tazón había sido enmarcado previamente. Por un lado, se había personalizado, como la disputa: Bad Bunny vs Trump. Una narrativa para anestesiar la movilización colectiva. Para entretener y no revolucionar. siempre en tránsito y heterogénea, condicionada o determinada por posturas personales e imposiciones
Por otra parte, la estrella boricua se había encumbrado como un abanderado de los “latinos”; una i-dentidad externas.
Porque los inmigrantes no llegan y caen en telaraña neutra, sino estructurada y racializada previamente. Donde unos prefieren o los dejan parecer blancos, para acceder a determinados privilegios dentro del imperio, y a otros, la mayoría, les imponen ser “negros”, sujetos inferiorizados racialmente. De ahí que se valore, como una vía de escape, transitar hacia la i-dentidad “latina”. Cual sumatoria otra, que hace aumentar su número, pero no el poder real de decidir por sus vidas.
Si algo crece es el poder sobre ellos. Al diluirse en la suma las distinciones de origen se aplastan las potencialidades latentes en los proceso de singularización que hubo debajo, más al sur. Se vuelven más vulnerables a todo tipo de contaminación, a que sus identidades nacionales no solo queden diluidas sino que resulten aniquiladas por los modelos dominantes de homogenización y segmentación del mercado, de inferiorización y culpabilización de los sujetos.
Una culpabilización que como alerta Guattari consisten en cuestionamientos como: “¿Quién es usted? ¿Se atreve a tener opinión, en nombre de quién habla?” Una exigencia que empuja hacia una especie hueco negro, desde donde susurran: “En fin de cuentas, quién soy yo? ¿Será que soy una mierda?”.
Operaciones que se menean con ese “¡Qué rico es ser latino!, que dio inicio al Super Tazón de Bad Bunny. Se tensan, pero…, ¿se rompen?

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